23. La cazadora de Barva

Siempre he corrido con mis perros. Cuando uno se hace viejo, llega otro, y así se renueva la manada. La última en acompañarme es Tita, una Beagle incansable, nariz fina y corazón alegre.

Un día nos inscribimos en un perro cross por las montañas de Barva. Íbamos perfecto: buen ritmo, buena energía, buen ánimo. Yo pensaba que podíamos lograr un gran tiempo.

Hasta que Tita vio ardillas.

En un árbol, un par de ellas brincaban como burlándose de nosotros. Y para una Beagle, eso ya no es deporte: es destino. Tiró de la correa, olió el árbol entero, marcó el terreno y me miró como diciendo:

—La competencia puede esperar.
—La ardilla, no.

Intenté convencerla. Nada funcionó. Para ella, ese era el verdadero objetivo del día.

Y así terminó nuestra carrera: yo parado con el dorsal puesto… y Tita, concentrada en su misión ancestral de cazadora frustrada.

Ese día entendí que algunos corremos por meta,
pero otros corren por instinto.

Deja un comentario