5. El valor de un diario

Encontré un cuaderno viejo, de esos de pasta dura y hojas amarillentas. En la portada decía “Diario de entrenamiento, 1983”. Lo abrí y apareció una página marcada: 16 de septiembre.

Ahí estaba mi letra juvenil:
“Entrenamiento para la milla universitaria. Cada milla bajo 7 minutos.”
Abajo, el desglose: cinco millas, promedio 6:46.
Sin GPS, sin apps, sin sensores. Solo lápiz, sudor e intuición.

Hoy, 16 de septiembre del 2025, corrí una sola milla. La hice en 9 minutos. Respiré profundo, sin prisa, disfrutando el movimiento más que el tiempo. Cerré el diario y sonreí, no por nostalgia, sino por claridad.

Un diario no sirve para competir con quien fui.
Sirve para entender el camino, para reconocer que el cuerpo cambia, pero la voluntad permanece.

Nunca volveré a correr a 6:46.
Y no pasa nada.
Sigo en movimiento, sigo madrugando, sigo siendo yo… solo en otra versión.

Un diario de entrenamiento no mide rendimiento.
Mide continuidad.
Mide identidad.
Mide gratitud.

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