4. Piensa mejor en fútbol

En mis años en la UCR, el atletismo no era solo deporte: era la beca, la comida, la matrícula. Cada entrenamiento era un examen silencioso. Y nuestro entrenador, extranjero y abiertamente racista, hacía aún más pesado el ambiente.

Un día llegó a la pista un muchacho moreno, delgado, casi tímido, con la ilusión de correr los 400 metros planos. No tenía uniforme del equipo, solo ganas. El entrenador le pidió que diera una vuelta. El muchacho la hizo sin quejarse. Volvió jadeando, pero firme.

El entrenador frunció la boca y le dijo:

—Hágala otra vez.

El joven arrancó de nuevo, quizá empujado más por dignidad que por piernas. Regresó sudando, esperando una palabra de evaluación, algún consejo, una mínima oportunidad.

El entrenador lo miró de reojo, con ese gesto frío que ya conocíamos.

Pensá mejor en fútbol.

El muchacho bajó la mirada.
Nunca volvió a la pista.

A veces el talento no se pierde por cansancio, sino por el peso brutal del prejuicio.

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