3. El número que nunca salió

Fue una carrera de campo traviesa en Escazú, pequeña pero muy bien organizada. Éramos 32 corredores, y al llegar a la meta entregaban un número para participar en la rifa. A mí me dieron el 16.

Había 30 premios, así que casi todos ganarían algo. Era matemática pura: uno corría… y después casi aseguraba un regalo.

Empezaron a llamar:
21… 30… 24… 15…
Los corredores salían felices con bolsas, termos, certificados, canastas. Cada número que anunciaban sonaba como una campana de buena suerte.

Pasaron veinte premios.
Luego veinticinco.
Treinta.

Y ahí seguíamos dos:
yo con el 16…
y otro pobre corredor con el 7.

La organizadora revisó la lista, contó las cajas y nos miró con una sonrisa apenada:

—Bueno… parece que hoy la suerte no corrió con ustedes.

Treinta premios, treinta ganadores,
y dos números perfectos para recordarnos que el azar tiene sentido del humor.

Ese día confirmé algo:
en las carreras se compite sudando…
pero también se pierde sentado.

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