De lunes a viernes salía de mi casa, trotando a las 5 a.m, hacia el gimnasio que está en Belén.
En la rotonda me encuentro con Andy, deportista de toda la vida, 1,80 de estatura y bronceado y con los músculos marcados a pesar de sus 65 años, que lo hacen «adulto mayor».
Seguimos corriendo, – desde ese momento se inicia el pique, hasta el «box».
Como siempre, somos los primeros en llegar, antes de que abran.
Comienza la clase, a los 20 minutos se inicia el «wod», lo que es una batalla campal.
Al finalizar la clase/entrenamiento, regresamos en bus.
A las 7:08 sale el bus de Heredia, como somos animales de costumbres, siempre está la misma gente en la parada y uno sabe en donde se baja cada persona. Además de conocer al chofer del bus, Andy siempre paga el pasaje con la cédula de identidad, uno de los privilegios de llegar a esa edad.
Este 11 de noviembre, fue diferente, se iniciaba una feria navideña y habían varias muchachas que iban a trabajar en ella, esperando el bus.
Andy estaba como loco, no encontraba la manera de mostrar su músculos con poses perfectas y mostrando su bronceado y sus dientes blancos brillantes.
Al llegar el bus empezamos a abordarlo,
-Andy, buenos días, dijo Pedro el chófer, Andy saca las 6 monedas de 100 colones para pagar.
-Me permite la cédula
´¿Cual cédula? aquí, están los 600 pesos y delante de las mujeres nunca me pida la cédula…
El trail run de manera comercial en Centro América es algo relativamente nuevo, creo que a partir del 2009 se inician las primeras competencias de larga distancia, y aún en Costa Rica no se realiza un cien millas.
Antes de eso, éramos muy pocos los que nos atrevíamos a internarnos durante varias horas en las montañas.
No se había comercializado esto, no se conseguían zapatos para correr trail, ni mochilas hidratantes, ni mucho menos la gran cantidad de productos químicos que se consiguen en cualquier lado y sin ninguna prescripción.
Tampoco habían fuentes literarias de consultas, todo era empírico, algunas recomendaciones por ahí y algún artículo en alguna universidad.
A raíz de lo anterior, hasta hace poco tiempo, en mis entrenamientos nunca recomendaba caminar. Siempre lo creí necesario, pero no había evidencia
Unos autores en el 2017, determinaron experimentalmente que a partir de un 13-15% de pendiente, resulta más eficiente andar que correr, por lo que una estrategia útil a emplear en tramos de gran pendiente, sería pasar de correr a caminar, ya que se podrá mantener un ritmo más alto y durante más tiempo, al resultar más económico para el organismo.
Ahora, antes de una ultra, mis pupilos se preparan con entrenamientos de caminatas.
Durante esta caminata, al encontrarnos una cuesta, aumentamos el paso, tratamos de subir rápido pero sin trotar.
Además es el momento ideal para probar cosas nuevas, que unas medias, unos zapatos para correr, el gel que tanto me recomiendan, el emparedado de atún con mayonesa…
Vernillo, G., Giandolini, M., Edwards, W. B., Morin, J. B., Samozino, P., Horvais, N., & Millet, G. Y. (2017). Biomechanics and physiology of uphill and downhill running. Sports Medicine, 47(4), 615-629.
Se trata de hacer 3 ejercicios diferentes durante todo el recorrido que hagamos corriendo, trotando o caminando.
Suponemos que te toca 40 minutos de entrenamiento, durante ese tiempo vamos a realizar
30 flexiones asistidas
20 fondos de banco
15 sentadillas asistidas
Sin importar cada cuanto puede hacerlo, pueden ser de 10 en 10 o de 5 en 5, la idea es que al final de los 40 minutos debemos hacer las 30 flexiones, los 20 fondos y las 15 sentadillas.
Cuando hablamos de movilidad, es importante pensar siempre en cómo una técnica de movilización particular mejorará su posición para una tarea próxima.
A menos que tenga una increíble cantidad de tiempo en sus manos, no puede tratar cada problema de movilidad en una sola sesión. Un enfoque mucho mejor es atacar las áreas que mejorarán las posiciones de su próximo entrenamiento. Por ejemplo, si sientes un dolor al correr, su mejor opción es enfocarse en las técnicas de movilización que mejorarán la posición inicial y final de la carrera.
¿Funcionó la prescripción de movilidad? ¿Puedes ponerte en posición? ¿Eres más eficiente? ¿Eres más rápido? Cualquier técnica de movilización que aplique debe tener resultados observables, repetibles y medibles cada vez. Para esto es la prueba / retest. No importa si está movilizando áreas de restricción o está en una prueba / nueva prueba le permite cuantificar el cambio. Si no hay cambios aparentes, es probable que no haya implementado las técnicas el tiempo suficiente o tal vez haya apuntado al área incorrecta. Piense en la prueba / nueva prueba como su herramienta de diagnóstico para medir el progreso.
Por ejemplo, si está intentando mejorar el ciclismo, puede evaluar su (s) área (s) de restricción desde un rodillo. Una vez que haya identificado dónde está retenido para lograr una forma óptima, realice algunas terapias de movilidad en esos tejidos y luego realice una nueva prueba.
Te puedo ayudar a mejorar la movilidad para ser más eficiente en las tres pruebas.
Como todos los viernes, hoy me tocaba entrenar en montaña, todo iba normal, pero sucede lo que tenía que suceder. –¿será culpa del destino? –El cronómetro marca que faltan veintidós minutos, –¿llegaré a tiempo? – el podómetro marca los setenta y dos kilómetros por hora en las curvas cada vez más cerradas del camino que une Carrizal y Alajuela, mis manos tiemblan al tratar de sostener el manubrio de la bicicleta.
Pienso…–Si no como anoche esos tacos, no tendría dolor de estómago. –Si hubiera un servicio sanitario de camino, no me metía al potrero.
Medito…–Por leer sobre las serpientes, estoy seguro que esa coral es venenosa, abundan en los cafetales cercanos a Alajuela y si pican a un humano, debe llegar a un médico en menos de una hora.
Reflexiono…–El hospital más cercano a Vara Blanca es el de Heredia, pero hay cuestas que subir, si doblo en Carrizal llego al de Alajuela y casi todo el camino es de bajada.
En un pequeño ascenso logro ver los dos puntos con sangre de la pierna derecha y cada vez se ven más grandes. Empiezo a ver nublado.
Imagino…–En el mejor de los casos es que se empañaron los lentes. –No hay tiempo para deducir, lo importante es llegar al hospital.–Faltan 14 minutos.
Llego al Estadio Alejandro Morera Soto y la fila de carros que produce el semáforo es interminable, me obliga a circular por la acera. Estoy a quinientos metros del hospital y faltas 4 minutos.
Al fin en emergencias, mis piernas tiemblan, le dejo la bici al señor de la soda de en frente, le digo –me picó una coral, cuídame la bicicleta y salgo corriendo.
–Muchacho, muchacho, grita una salonera, que escuchó la conversación. –Tiene la espalda llena de zompopas, y los brazos todos picados.
En eso siento unos piquetes en la pierna izquierda, es exacta a los puntos de la pierna derecha. Al fin “me vuelve el alma al cuerpo” como dicen en mi pueblo.
Eran mediados de los años 70s y como todos los lunes, nos reuníamos en “El mosquero” alias Soda Guevara, a contar o exagerar el fondo largo del domingo.
Un grupo de estudiantes, profesores y administrativos de la UCR entrenábamos de manera grupal de martes a viernes, salíamos del Edificio Saprissa, en donde guardábamos el maletín y nos permitían bañarnos, luego de entrenar.
No teníamos entrenador, de lo contrario supongo, no hubiera permitido salir en grupos todos los días. Sino que teníamos en común la fiebre por correr. Los lunes no entrenábamos ya que por creencias de la época, el sábado se descansa para hacer fondo el domingo y lunes de recupera del fondo.
Este lunes fue diferente, ya que la semana anterior hablamos de la posibilidad de correr el Maratón de New York. Y durante el fondo, todos lo habíamos pensado.
Poco a poco empiezan a llegar los compas, y después de varios cafés con empanada de queso, comenzamos a narrar.
Al haber pocas competencias y entrenar juntos, todos nos conocemos bien.
Juan fue el primero, (hace en 52 minutos los 10 km) — ayer hice 21 km creo que puedo durar unas 3 horas diez.
Joaquin (48 minutos los 10 km) — ayer hice 15 km en 1 hora, voy para 3 horas.
Mario (55 minutos los 10 Km) — ayer corrí 20 kilómetros de puras subidas, me siento muy bien, voy por 2:47.
El mas gordito del grupo (nunca terminó los 10 Km) — en la playa de Jaco ida y vuelta hasta la punta 1 hora, voy para 2:30.
Así se imaginaba cada uno el fondo dominical, ahora casi 50 años después hay que pagar para decir lo mismo en una carrera virtual.
La conclusión básica es que el entrenamiento de fuerza es una manera segura y óptima de mejorar no solo la fuerza, sino que la potencia, eficiencia y rendimiento de un triatleta.
Planificar sesiones de entrenamiento de fuerza, ajustando tanto el tipo de ejercicio, como la velocidad de ejecución, así como las cargas a cada tipo de atleta, darán un gran resultado en la competencia.
Luego de cuatro horas de caminar entre barro y charrales y volar machete, llegamos al Bajo Limón, Will geógrafo, Daniel baqueano, Mechas atleta, Rubí perra entrenada y Guille organizador del evento.
Estamos en enero, en Costa Rica la gente hace un portal de Navidad, y lo dejan hasta enero en donde es el “rezo del niño”, en ese rezo se sirve café o licor con bocadillos caseros y tamales.
Pocos días antes de la competencia, nos llegó le invitación a participar en el Kilómetro Vertical Pico de Orizaba en Méjico.
Investigamos de que se trata, un kilómetro vertical debe tener los siguientes requisitos:
Es una prueba corta, pero muy desgastante
Con mil metros o más de desnivel positivo (altitud)
Esto en menos de cinco kilómetros de longitud
Preferiblemente una sola cuesta
Debe ser por un trillo sin acceso directo de vehículos
Al menos un puesto de asistencia.
Donde en Costa Rica voy a encontrar algo así.
Tomo el teléfono: —Will, pura vida, necesito un cerro que tenga un kilómetro de alto, en menos de cinco kilómetros de largo y que sea un trillo. —Me parece que por Turrubares hay algo parecido. —Dijo Will profesor y gran conocedor de la geografía nacional.
Dos días después me llega al correo la respuesta de Will con el mapa del lugar.
Iniciamos el viaje en un carro de doble tracción, a los cuarenta minutos de trillos en medio de la nada, divisamos una casa, un hombre está aporreando frijoles. Se trata de Daniel, campesino y baqueano de la zona. —Hola, usted ¿conoce este lugar?, le enseño el mapa y le explico de que se trata. —Creo que es la finca que sale a la Escuela de Bajo Limón. —Contesta Daniel. —Se sube una endemoniada cuesta y se une al camino principal. —Los acompaño, ya que el trillo debe estar cerrado de vegetación por la lluvia de estos días. —Nos ofrece Daniel.
Por fin después de varias horas de caminar y abrir camino “a puro machete”, llegamos a la escuelita de Bajo Limón, —Primer Bajo que queda en el alto de un cerro—observa Will— es enero, la escuela está cerrada. —Vamos a buscar al presidente de la Junta, vive aquí cerca. —Nos dice Daniel.
Nos presenta a don Vinicio, presidente de la Junta de Educación de la escuela. Le contamos de que se trata, mientras nos servían café negro con gallos de queso. Le explicamos que el GPS nos dio los datos exactos: mil ciento doce metros de altitud, en cuatro mil ochocientos metros de largo, por un trillo en donde no pasa ningún vehículo. —Pueden poner el puesto de asistencia, entrando por la calle principal a la finca de mi tía, ahí se llega fácil a la planicie que hay en el trillo. —Dijo don Vinicio.
Seguimos conversando entre tasas de café y surgen ideas:
Hacer un evento, así nos medimos con los que quieran correrlo.
La inscripción que sea un paquete de útiles escolares, que donaremos a la escuela.
Adecuar la escuela para que los participantes se puedan bañar o al menos quitarse el barro.
Poner el puesto de asistencia en la finca de la tía de don Vinicio.
En eso escuchamos un grito: —“perro hijueputa, se robó los gemelos”—Una voz de mujer que venía del interior de la casa.
Viene Rubí, con dos muñecos en el hocico, que se había robado del portal.
“Mañana es el Rezo del Niño, y en el portal de la casa, la Virgen María y Jesús tuvieron gemelos— nos explica don Vinicio.