
De lunes a viernes salía de mi casa, trotando a las 5 a.m, hacia el gimnasio que está en Belén.
En la rotonda me encuentro con Andy, deportista de toda la vida, 1,80 de estatura y bronceado y con los músculos marcados a pesar de sus 65 años, que lo hacen «adulto mayor».
Seguimos corriendo, – desde ese momento se inicia el pique, hasta el «box».
Como siempre, somos los primeros en llegar, antes de que abran.
Comienza la clase, a los 20 minutos se inicia el «wod», lo que es una batalla campal.
Al finalizar la clase/entrenamiento, regresamos en bus.
A las 7:08 sale el bus de Heredia, como somos animales de costumbres, siempre está la misma gente en la parada y uno sabe en donde se baja cada persona. Además de conocer al chofer del bus, Andy siempre paga el pasaje con la cédula de identidad, uno de los privilegios de llegar a esa edad.
Este 11 de noviembre, fue diferente, se iniciaba una feria navideña y habían varias muchachas que iban a trabajar en ella, esperando el bus.
Andy estaba como loco, no encontraba la manera de mostrar su músculos con poses perfectas y mostrando su bronceado y sus dientes blancos brillantes.
Al llegar el bus empezamos a abordarlo,
-Andy, buenos días, dijo Pedro el chófer, Andy saca las 6 monedas de 100 colones para pagar.
-Me permite la cédula
´¿Cual cédula? aquí, están los 600 pesos y delante de las mujeres nunca me pida la cédula…
