28. El número equivocado

En todas las carreras siempre aparecen los agüizotes: quienes juegan la lotería con el número del dorsal, con el puesto en que llegaron o incluso con los últimos dos dígitos del tiempo oficial. Para algunos, correr es ejercicio; para otros, estadística mística.

Juancho era de esos. Nunca terminaba una carrera sin buscar qué número “le estaba hablando”.
En una competencia de tres vueltas alrededor de un parque —cada vuelta de 8 km— empezó a hacer cuentas mientras calentábamos.

—Tres vueltas por ocho kilómetros… eso da 21 —dijo convencido, como si hubiera descubierto una señal divina.

Nadie quiso corregirlo.
Era Juancho, después de todo.
Fue directo a la pulpería y compró la lotería en el 21, seguro de que el universo había corrido con él.

Esa noche revisó los resultados.
Ganó el 24.

Juancho miró el entero, lo volvió a mirar y dijo, sin perder la fe:

—¡Claro! Tres vueltas… ocho kilómetros… más los dos kilómetros que hice de más calentando. ¡Si es que uno tiene que afinar mejor la fórmula!

Y siguió buscando números.
Porque algunos corren por tiempo, otros por podio…
y otros, como Juancho, por señales que nunca llegan.

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