13. La catarata que no existe en verano

Un amigo nos enseñó la foto de una catarata llamada La Reina, escondida entre Puriscal y Turrubares. El lugar parecía sacado de un cuento: un hilo de agua cayendo entre paredes verdes, un rincón secreto que parecía reclamar visita. Conseguimos la hoja cartográfica de la zona —como en los tiempos donde se exploraba con papel y brújula— y nos fuimos a buscarla.

Caminamos horas. Subidas, bajadas, portillos, senderos sin dueño. Mirábamos el mapa, mirábamos el río, mirábamos el horizonte… y nada. La Reina no aparecía. No estaba en el cauce, no estaba tras la curva, no estaba en ningún punto donde debería estar.

Cansados, entramos a una pulpería a preguntar.
El pulpero, sin sorpresa ni misterio, nos dijo:

—Esa catarata solo se ve en la estación húmeda.

Entonces entendimos lo que el mapa no decía: Costa Rica tiene dos estaciones muy definidas, pero los caminos, los ríos y las montañas tienen sus propios tiempos. Hay cosas que solo existen cuando el agua cae, igual que hay recuerdos que solo regresan cuando uno se moja por dentro.

Nunca encontramos La Reina.
O tal vez sí: descubrimos que no todo lo que se busca aparece y no todo lo que aparece dura.

Deja un comentario