Prólogo

Mientras el cuerpo siga — Relatos de un cuerpo que insiste

Hay cuerpos que avanzan por disciplina, otros por ambición. El mío —como tantos otros— avanza por una necesidad más antigua: comprender el mundo a través del movimiento. No recuerdo un tiempo en que no intentara hacerlo. Algunos aprenden a leer observando letras; yo aprendí observando montañas, trillos, madrugadas y el ritmo constante de mi propia respiración.

Durante cincuenta años he corrido, pedaleado, nadado, caminado y tropezado. Pero, sobre todo, he observado. El cuerpo es un archivo silencioso: guarda lo que uno quiso olvidar y revela lo que uno tardó décadas en entender. En cada kilómetro queda escrita una idea. En cada cuesta, una duda. En cada fondo, una certeza que solo aparece cuando el cansancio derrite todo lo superficial.

Estos relatos no pretenden enseñar nada. Nacieron simplemente de la necesidad de escuchar lo que el cuerpo —este terco compañero— fue diciendo con el tiempo. Son pequeñas escenas donde la vida se asoma disfrazada de deporte: la bondad de un chofer que espera, la travesura de un amigo, el humor involuntario de una competencia, el silencio inmenso de un amanecer en Puriscal.

Con los años comprendí que uno no se mueve para ser más fuerte, ni más rápido, ni más joven. Uno se mueve para seguir siendo. Para mantener encendida esa chispa mínima que nos une al paisaje, al tiempo y a los demás.

Mientras el cuerpo siga —aunque sea despacio, aunque proteste— la vida continúa ofreciendo caminos. Y cada camino trae un relato.
Este libro recoge algunos.

Deja un comentario