Entrenar con los años

Con el paso del tiempo, el entrenamiento se vuelve más personal. En la juventud uno entrena en grupo, busca compararse, medirse, competir. Pero a medida que llegan los años, la individualidad se vuelve una necesidad, no un lujo.

Cada cuerpo lleva su historia: lesiones, aprendizajes, ritmos distintos. Lo que antes se medía en velocidad ahora se mide en conciencia. El corredor veterano ya no busca mejorar marcas, sino mantener su diálogo con el movimiento. Entrena para seguir siendo parte del mundo que se mueve, no para ganarle al tiempo.

Entre más edad, más claridad: no hay plan universal, ni tabla perfecta. Solo un cuerpo que sabe lo que necesita y un alma que agradece poder seguir haciéndolo. Entrenar, entonces, se convierte en un acto de respeto: hacia lo que fuimos, lo que somos y lo que todavía podemos ser.

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