Motivación y maratón

En los primeros kilómetros, la motivación es ruido. Está en las zapatillas nuevas, en la música, en los ánimos del público. Todo vibra y empuja. Pero con el paso de los kilómetros, ese ruido se apaga, y lo que queda es silencio. Ahí empieza el verdadero maratón.

Correr 42 kilómetros no se trata de sostener el entusiasmo, sino la decisión. La motivación se agota, como el glucógeno; la voluntad, en cambio, se transforma. A mitad del recorrido, cuando el cuerpo protesta y la mente duda, uno no sigue corriendo por emoción, sino por sentido.

El maratón es una metáfora de la vida larga: la motivación te hace empezar, pero solo el propósito te permite llegar. Por eso el corredor veterano sonríe en los últimos metros: no porque tenga fuerzas, sino porque descubrió que no las necesita para seguir.

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