
Durante el entrenamiento, la piña deshidratada cumple un papel silencioso pero preciso: repone sin interrumpir. No necesita envolturas metálicas ni fórmulas sintéticas. Solo azúcar natural, fibra, sol y tiempo. Es energía que ha pasado por el mismo proceso que el cuerpo que la consume: ha sido transformada por el calor.
Cada trozo de piña concentra lo esencial: lo dulce del esfuerzo y lo ácido del cansancio. Mientras otros buscan geles importados o nombres difíciles de pronunciar, el corredor tropical encuentra su combustible en una fruta que entiende el clima, el ritmo y la humedad.
Comer piña deshidratada durante el entrenamiento no es solo una estrategia nutricional; es una forma de coherencia. Alimentarse del mismo paisaje que se corre. En cada bocado hay una conexión entre tierra, sudor y energía: el cuerpo continúa lo que la fruta empezó.
