
Pesarse todos los días puede parecer una rutina innecesaria o incluso ansiosa, pero cuando se hace con calma y método, es una herramienta de autoconocimiento. El cuerpo cambia a diario: retiene agua, gana músculo, responde al sueño, al estrés, a la comida. Un solo número no dice mucho; un promedio semanal, en cambio, revela la tendencia real.
Anotar lo que se come no es castigo ni culpa, sino memoria. La memoria del cuerpo. Al mirar atrás y ver cómo un aumento o una baja se relacionan con lo que ingerimos, empezamos a entendernos mejor. No se trata de contar calorías, sino de reconocer patrones.
El control de peso no es una lucha, sino un diálogo. Escuchar al cuerpo todos los días y observarlo con paciencia es la forma más honesta de mantener el equilibrio: ni obsesión ni descuido, solo atención.
