¿Qué sigue después de lo híbrido?

Hace unos años, los gimnasios comenzaron a llamarse “funcionales”. Era la palabra mágica del momento: promesa de movimiento natural, de volver a lo esencial. Pasó el tiempo, y ahora casi todos se autodenominan “híbridos”. Suena moderno, adaptable, tecnológico. Pero, ¿qué sigue?

Las modas del entrenamiento cambian más rápido que los cuerpos que intentan seguirlas. Cada nueva etiqueta promete eficiencia, pero rara vez propone profundidad. Lo funcional fue una reacción al exceso de máquinas; lo híbrido, una respuesta a la fragmentación. Sin embargo, ambos comparten algo: la búsqueda de sentido en medio del marketing.

Quizá lo que venga no sea un nuevo nombre, sino un regreso silencioso a lo simple. Entrenar sin etiquetas. Moverse por placer. Redescubrir el cuerpo como territorio y no como producto. Tal vez el futuro del fitness, por fin, no va a necesitar definirse.

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