El decatlón y el heptatlón: la unidad en la diversidad

El decatlón y el heptatlón no son solo pruebas atléticas; son ejercicios de armonía. En ellos, el cuerpo aprende a ser múltiple sin dejar de ser uno. Correr, saltar, lanzar: cada gesto exige una energía distinta, pero todas buscan el mismo fin, la coherencia en medio del cambio.

El atleta híbrido no se mide por la excelencia de un solo acto, sino por su capacidad de recomenzar, de ajustar, de aprender del cansancio. Cada prueba borra la anterior y lo obliga a renacer, ligero, atento, presente.

En esa sucesión de esfuerzos se esconde una enseñanza: la vida también es un decatlón. No basta con correr bien una carrera; hay que sostener el conjunto, encontrar equilibrio entre fuerza y pausa, impulso y quietud. Ser híbrido, al final, es aprender a unir los fragmentos del día en una sola respiración.

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