Correr cuesta (más de lo que parece)

Mientras exploraba una posible ruta de campo traviesa, presencié una escena que, en un principio, me pareció curiosa. Al reflexionar, comprendí que quien tuvo la idea de comercializar ciertos productos para corredores realizó un negocio redondo.

Es común ver personas adentrarse en el cafetal para ejercitarse, casi siempre llevando consigo recipientes para líquidos. La demanda entre los aficionados al running es constante: adquieren con entusiasmo cualquier accesorio que prometa mejorar su experiencia.

Como suelo decir a mis entrenados, a veces resulta más práctico llevar dinero para comprar agua en el camino que cargar una botella desde casa. En ese gesto cotidiano se revela, quizás, la astucia de un mercado que conoce bien la sed —literal y simbólica— del corredor moderno.

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