Fuera de la caja

Correr con los pies, pensar con el cuerpo.

“No Box No Limits”, dice un anuncio de sandalias para correr. Y aunque parezca una frase publicitaria, encierra algo más profundo.

Correr sin zapatos convencionales no es volver al pasado, sino recordar que el cuerpo sabe. Los pies, con su red de huesos, músculos y nervios, fueron diseñados para sentir el terreno, no para aislarse de él. Cada paso descalzo nos devuelve una conversación olvidada con la tierra.

El calzado moderno protege, pero también separa. Nos da amortiguación, pero nos quita percepción. En nombre del confort hemos perdido contacto, y tal vez también humildad.

Correr con menos es una forma de pensar distinto: no se trata de velocidad, sino de presencia. El ritmo ya no lo dicta el cronómetro, sino la respiración. El cuerpo se acomoda al suelo, y el pensamiento se acomoda al cuerpo.

No box —sin caja, sin límites— podría ser una metáfora de vida. Liberar los pies es un primer gesto para liberar la mente. Porque cuando el paso se hace consciente, el camino también cambia.

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