
Todos los días de pago, Tito se enfiesta con «chirrite» de la saca de Desamparados de Alajuela, «pura calidad». Y se monta en pinto, su caballo que también le entra a la bebida espiritosa, para ir al salón de baile. Por su habilidad para bailar y su hablada, siempre fue un buen conquistador.
Esta vez le fue mal, se fue en blanco, decía.
Regresa a su casa, que está en medio de un gran cafetal “barbareño”.
Tito contaba en la saca, —que no recuerda bien lo que pasó, pero que en el camino me detuvo una bella mujer…
—Creo me salió la Segua…
Nueve meses después, borracho de regreso a casa, le sale la Segua, pero esta vez con la cara de caballo y con un niño alzado:
—Tito vea, vos sos el papá del Seguito.
