
Estamos en una ciudad colombiana cuyo centro es peligroso, al igual que todo Latinoamérica.
Salimos a correr por el “puro centro”, vemos una capilla muy linda y una amiga saca un celular de última tecnología para tomar fotos.
Dos sujetos que se acercan con malas intenciones, al menos eso pensé y mi reacción fue meterme la mano en la cintura.
—“Cuidado, el señor de pelo largo está armado”, le grita un artista al otro…
