
Siempre quise tener los lunes libres, sea de universidad, entrenamiento o trabajo.
Lo aprovechaba para ir al balneario Ojo de Agua, en donde recuperaba la competencia del domingo en sus frías piscinas o caminando alrededor de la cerca.
Ese día cerraban el Club de Tenistas y los más fiebres aprovechaban jugar en la cancha del lugar.
Luego, a medio día, en el bar de enfrente nos hidratamos y alimentamos.
Unos 40 años después vengo con mi esposa de Puriscal y pasamos a almorzar a ese lugar, sorpresa estaban los mismos tenistas y todos nos reconocimos.
