
Empezaba diciembre y trazamos la ruta del Kilómetro Vertical, con la ayuda del presidente de la Junta de Educación de la Escuela a la que favorecíamos con lo recaudado en la carrera, quien muy cordialmente nos invitó a almorzar.
Después de varias horas de volar machete, abriendo camino, llegamos a la casa del baqueano.
Nos bañamos con una maguera y le dimos de comer a la perra que nos acompañó.
—Pasen adelante, dijo la señora de la casa.
La perra sale corriendo de la casa con algo en el hocico, era el niño del portal.
