
Llegó en busca de un mejor futuro, se compró un Toyota Corolla de los años noventa, que usaba como Taxi pirata. La gente lo llamaba la carroza del cubano.
Un domingo me dijo que quería ver un juego de pelota.
Nos dirigimos al estadio.
Al iniciar el regreso, viene corriendo un «mae» con un chaleco naranja y un pedazo de palo de escoba, le hace señas al cubano para que baje el vidrio de la ventana.
-Negrito, yo le estaba cuidando el carro.
Sale del carro y lo abraza.
-Muchas gracias, mi hermano, Dios te bendiga…
