
Desde niño se dedicó al taekwondo, con los años dedicó su tiempo para convertirse en moje.
Sigue con la afición al deporte, usa huaraches como parte de su devoción y corre con ellas.
Los miércoles nos acompañaba a la pista a entrenar repeticiones, siempre llegaba con un rosario y fue la intriga: creíamos que rezaba mientras corría, o que era para que lo acompañara y no se lesionara, hasta que alguien le preguntó.
—Es para contar las vueltas—nos comentó el amigo.
