36. El monje

Desde niño se dedicó al taekwondo,  con los años dedicó su tiempo para convertirse en moje.

Sigue con la afición al deporte, usa huaraches como parte de su devoción y corre con ellas.

Los miércoles nos acompañaba a la pista a entrenar repeticiones, siempre llegaba con un rosario y fue la intriga: creíamos que rezaba mientras corría, o que era para que lo acompañara y no se lesionara, hasta que alguien le preguntó.

—Es para contar las vueltas—nos comentó el amigo.

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