
Salió con una hoja cartográfica y brújula, como todo un conocedor de los senderos, Pedro me acompaña a esta loca aventura.
——Si entramos por el oeste, salimos al este, tal vez una cinco horas a ritmo maratoniano. Comenta Pedro.
Pasan las horas y los árboles siempre son iguales, a lo lejos veo un cartel en un arbusto, corro hacia él.
“Si usted está aquí, está perdido”, explica el letrero.
