El maratonista

Desde hace años, siempre entreno algunas personas a las que no les cobro, sea por su buen rendimiento o por sus escasos recursos.

Hace un tiempo, le ayudé a un atleta de pocos recursos económicos, pero que por su edad y su rendimiento, pudo llegar al maratón olímpico.

Iniciamos la preparación a cinco años plazo, la idea era Tokio.

En su primer intento, hizo dos minutos menos de las tres horas. Y nos quedan cuatro años y medio.

Con el tiempo sucede lo de muchas veces .

Alguien le dijo que corriera una ultra maratón, bueno en el sentido de las que hacen por aquí, sin montaña ni trillos, ochenta por ciento en carretera y plana.

Me opuse y se enojó.

Además de la inscripción y un par de medias de compresión, le pusieron entrenador, o al menos alguien que lo entrenaba. Escribe en FB. «ahora si estoy entrenando de verdad, noventa minutos todos los días y tres horas los sábados, un ultra no se corre sola»…

Además de perder el rendimiento y estar a punto de una lesión, no volví a saber nada de él. Si se va se va, al igual que si dejo de entrenar a alguien, lo olvido por completo.

Nunca cumplió su sueño olímpico, ni lo veo en la «selección» de trail.

Mi sorpresa fue al abrir el correo, en donde veo una e-mail de un comité de deportes, en donde me piden que les haga llegar las facturas de los entrenamientos, que ellos todos los meses le pagan al tal atleta.

«Sorpresas te dan la vida, la vida te da sorpresas»…

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