Una hora de ruta urbana

Casi un cuento…

Días o a lo mejor meses de no trotar una ruta urbana.

Entre natación, calistenia, crossfit, mtb, trail run y algunos doscientos, cuatrocientos o miles en pista.

Hoy me toca una hora de trote muy tranquilo, me puede «cobrar factura» tanto rato de trote.

Divido la hora sin salir de Pueblo Quieto, capital de Purisol, en cinco partes iguales.

Primeros doce minutos, para mí muy importantes, es la respuesta a la adaptación al sufrimiento. Muy planos, entre césped, tierra, gradas, lastre y cemento. Se elevan mucho las pulsaciones, pero lo importante es regularlas. La gente que trota en esta madrugada se quedan viendo las chancletas, el pantalón militar y la camisa camuflada se guerrilla urbana.

Segunda parte, cuestas, si voy a hacer una maratón en Sur América, me toca entrenar cuestas, para no llevarnos sorpresas, como le pasó a la esperanza maratoniano de Purisol, cuando hizo en recorrido en taxi, vio la subida y se cambió de distancia, corrió veintiuno.

Las cuestas se sienten mejor si se suben por las aceras mal hechas, descuidadas con huecos, muzgo y basura, así es la «muni» de Purisol.

Llegamos a la tercera parte, parque de niños, con superficie de alfombra, cancha de baloncesto, sin aros y con marcos para patear bolas.

La cuarta parte es en el sendero de cuatrocientos metros, varias veces aumentando la velocidad, hasta donde sea posible y lo permitan los noventa y cuatro kilos y los sesenta y cinco años.

Los últimos doce minutos, fueron de regreso, calle, aceras y la famosa autopista en donde los carros nos pasan a cien por hora, en los únicos dos kilómetros que están en perfecta condición.

Al final, todo bien, me mido manualmente el pulso, ciento doce, la segunda toma un minuto después cuarenta y nueve.

Aún tenemos tiempo para trabajar, sea para los cuarenta y dos de calle o los cien de trillos…

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