Sucedió en carretera

Con 45 años de competir en deportes individuales, uno cree que ya vio todo, pero aún queda mucho por ver.

A finales de agosto, se comienzan a ver los famosos «entrenamientos madre» que se usaban hace muchos años, según los Manuales del siglo pasado, consistían en correr 20 millas, aunque para algunos las 20 millas son 30 kilómetros y para otros son 32 kilómetros.

En esta época hay dos maratones famosos: en setiembre es Berlín y en octubre Chicago, carreras en donde participan muchos ticos.

En setiembre también es el Maratón de Medellín, que me gusta por ser atípico: del km 24 al 32 es subiendo… Algo que no es común en ningún maratón de calle.

Unos días antes de Medellín, me toca hacer 800 metros de velocidad y 200 metros caminando cuesta arriba, unas 6 veces. Escojo la ruta Heredia, San Isidro, y a partir del puente límite de San Pablo, hasta la iglesia de San Isidro hay 6 km exactos, según hoja topográfica que es la distancia real.

Tengo que concentrarme mucho, porque nunca salgo con reloj y estoy trabajando la regulación de la respiración para bajar las pulsaciones. Parto de que un poste eléctrico a otro hay 60 metros. Entonces 13 postes y medio son más o menos los 800 metros de la carrera y tres postes después dan los 200 metros de la caminata, más que caminata es un marcha atlética en donde se descansan algunos músculos que no se usan cuando se corre a velocidad. Con la marcha me preocupaban las chancletas nuevas especiales para maratón, al tener solo 4 milésimas de grosor y suela liza, me podía lastimar los tacones en la marcha.

Hago el primer 800 y cuando comienzo a caminar, escucho unos zapatazos detrás, escucho una voz femenina «señor se cansó», no contesto, estoy en otras, veo unos zapatos rosados con una gran suela, tipo plataforma, me digo «pobres rodillas», buen para todo hay gente.

En la curva unos 100 metros delante hay un pick-up 4X4 en el cajón lleva un hielera cargada de sueros y geles y otros químicos.

Desde hace años, para correr uso pantaloneras de surf, tienen bolsas grandes en donde caben botellas con agua y bananos, que es lo que uso en los fondos. Como no le hago publicidad a nadie, busco las que no tengan la marca del fabricante visible.

El chofer del carro, supongo entrenador o similar, me ofrece una botella color naranja, no hago caso comienzo mi segundo km.

En la segunda caminata me vuelve a alcanzar, y así seguimos cuando corro la alcanzo y le paso y cuando camina me alcanza…

En el ultimo 800, faltando unos 400 metros a la iglesia, apretó el paso y escuché que intentó alcanzarme, en los 200 de caminata, estaba el 4×4 estacionado y el «entrenador» subido en el cajón, grita:

«No se preocupe Princesa, en Costa Rica nadie le gana subiendo, el señor no es de aquí, no habla ni español…»

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