El perro guardián

Cuando la costumbre era hacer entrenamientos grupales, recuerdo nos reuníamos en algún lugar y coordinábamos los carros.

Al menos una vez al mes íbamos a un famoso cerro que por altimetría y dificultad, lo considerábamos un buen entrenamiento, cometíamos el error de entrenar en grupos, de ahí se empezaron a detectar lesionados, que por querer seguir el grupo hacían esfuerzos, o en caso contrario, los más buenos esperaban a los lentos y se producían enfriamientos inesperados. Bueno, éramos pioneros en la actividad.

Dejábamos los carros alrededor de la plaza, el copero los cuidaba, ya que vendía copos desde las 6 am que empezaba el primer partido, hasta las 5 pm que terminaba la última mejenga.

Entre la plaza y el camino donde empieza el cerro había un restaurante caribeño, el dueño tenía un perro, entrenado para vigilar y dormía en una casta en el estacionamiento.

Aquel domingo, un amigo llegó con una perra, el perro guardián se enamoró y se fue detrás, el famoso personaje no estaba acostumbrado a correr largas distancias, a las 4 horas regresamos con el perro sumamente agotado, a pesar de darle hidratante y galletas durante todo el trayecto, el perro no respondía. Llegamos al restaurante y se metió dentro de su caseta de vigilancia.

Esta vez no almorzamos comida caribeña, por el contrario huíamos hacia la derecha.

Pasó el dueño y nos dijo

-«MI estar triste, creo envenenaron al perro, llamar y no contesta, no moverse, parece estar muerto, voy a llamar al veterinario»…

-Bueno bro, suerte con el perro.

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