
Como todos los viernes, hoy me tocaba entrenar en montaña, todo iba normal, pero sucede lo que tenía que suceder. –¿será culpa del destino? –El cronómetro marca que faltan veintidós minutos, –¿llegaré a tiempo? – el podómetro marca los setenta y dos kilómetros por hora en las curvas cada vez más cerradas del camino que une Carrizal y Alajuela, mis manos tiemblan al tratar de sostener el manubrio de la bicicleta.
Pienso…–Si no como anoche esos tacos, no tendría dolor de estómago. –Si hubiera un servicio sanitario de camino, no me metía al potrero.
Medito…–Por leer sobre las serpientes, estoy seguro que esa coral es venenosa, abundan en los cafetales cercanos a Alajuela y si pican a un humano, debe llegar a un médico en menos de una hora.
Reflexiono…–El hospital más cercano a Vara Blanca es el de Heredia, pero hay cuestas que subir, si doblo en Carrizal llego al de Alajuela y casi todo el camino es de bajada.
En un pequeño ascenso logro ver los dos puntos con sangre de la pierna derecha y cada vez se ven más grandes. Empiezo a ver nublado.
Imagino…–En el mejor de los casos es que se empañaron los lentes. –No hay tiempo para deducir, lo importante es llegar al hospital.–Faltan 14 minutos.
Llego al Estadio Alejandro Morera Soto y la fila de carros que produce el semáforo es interminable, me obliga a circular por la acera. Estoy a quinientos metros del hospital y faltas 4 minutos.
Al fin en emergencias, mis piernas tiemblan, le dejo la bici al señor de la soda de en frente, le digo –me picó una coral, cuídame la bicicleta y salgo corriendo.
–Muchacho, muchacho, grita una salonera, que escuchó la conversación. –Tiene la espalda llena de zompopas, y los brazos todos picados.
En eso siento unos piquetes en la pierna izquierda, es exacta a los puntos de la pierna derecha. Al fin “me vuelve el alma al cuerpo” como dicen en mi pueblo.




