
Eran mediados de los años 70s y como todos los lunes, nos reuníamos en “El mosquero” alias Soda Guevara, a contar o exagerar el fondo largo del domingo.
Un grupo de estudiantes, profesores y administrativos de la UCR entrenábamos de manera grupal de martes a viernes, salíamos del Edificio Saprissa, en donde guardábamos el maletín y nos permitían bañarnos, luego de entrenar.
No teníamos entrenador, de lo contrario supongo, no hubiera permitido salir en grupos todos los días. Sino que teníamos en común la fiebre por correr. Los lunes no entrenábamos ya que por creencias de la época, el sábado se descansa para hacer fondo el domingo y lunes de recupera del fondo.
Este lunes fue diferente, ya que la semana anterior hablamos de la posibilidad de correr el Maratón de New York. Y durante el fondo, todos lo habíamos pensado.
Poco a poco empiezan a llegar los compas, y después de varios cafés con empanada de queso, comenzamos a narrar.
Al haber pocas competencias y entrenar juntos, todos nos conocemos bien.
Juan fue el primero, (hace en 52 minutos los 10 km) — ayer hice 21 km creo que puedo durar unas 3 horas diez.
Joaquin (48 minutos los 10 km) — ayer hice 15 km en 1 hora, voy para 3 horas.
Mario (55 minutos los 10 Km) — ayer corrí 20 kilómetros de puras subidas, me siento muy bien, voy por 2:47.
El mas gordito del grupo (nunca terminó los 10 Km) — en la playa de Jaco ida y vuelta hasta la punta 1 hora, voy para 2:30.
Así se imaginaba cada uno el fondo dominical, ahora casi 50 años después hay que pagar para decir lo mismo en una carrera virtual.
