
Luego de cuatro horas de caminar entre barro y charrales y volar machete, llegamos al Bajo Limón, Will geógrafo, Daniel baqueano, Mechas atleta, Rubí perra entrenada y Guille organizador del evento.
Estamos en enero, en Costa Rica la gente hace un portal de Navidad, y lo dejan hasta enero en donde es el “rezo del niño”, en ese rezo se sirve café o licor con bocadillos caseros y tamales.
Pocos días antes de la competencia, nos llegó le invitación a participar en el Kilómetro Vertical Pico de Orizaba en Méjico.
Investigamos de que se trata, un kilómetro vertical debe tener los siguientes requisitos:
- Es una prueba corta, pero muy desgastante
- Con mil metros o más de desnivel positivo (altitud)
- Esto en menos de cinco kilómetros de longitud
- Preferiblemente una sola cuesta
- Debe ser por un trillo sin acceso directo de vehículos
- Al menos un puesto de asistencia.
Donde en Costa Rica voy a encontrar algo así.
Tomo el teléfono: —Will, pura vida, necesito un cerro que tenga un kilómetro de alto, en menos de cinco kilómetros de largo y que sea un trillo. —Me parece que por Turrubares hay algo parecido. —Dijo Will profesor y gran conocedor de la geografía nacional.
Dos días después me llega al correo la respuesta de Will con el mapa del lugar.
Iniciamos el viaje en un carro de doble tracción, a los cuarenta minutos de trillos en medio de la nada, divisamos una casa, un hombre está aporreando frijoles. Se trata de Daniel, campesino y baqueano de la zona. —Hola, usted ¿conoce este lugar?, le enseño el mapa y le explico de que se trata. —Creo que es la finca que sale a la Escuela de Bajo Limón. —Contesta Daniel. —Se sube una endemoniada cuesta y se une al camino principal. —Los acompaño, ya que el trillo debe estar cerrado de vegetación por la lluvia de estos días. —Nos ofrece Daniel.
Por fin después de varias horas de caminar y abrir camino “a puro machete”, llegamos a la escuelita de Bajo Limón, —Primer Bajo que queda en el alto de un cerro—observa Will— es enero, la escuela está cerrada. —Vamos a buscar al presidente de la Junta, vive aquí cerca. —Nos dice Daniel.
Nos presenta a don Vinicio, presidente de la Junta de Educación de la escuela. Le contamos de que se trata, mientras nos servían café negro con gallos de queso. Le explicamos que el GPS nos dio los datos exactos: mil ciento doce metros de altitud, en cuatro mil ochocientos metros de largo, por un trillo en donde no pasa ningún vehículo. —Pueden poner el puesto de asistencia, entrando por la calle principal a la finca de mi tía, ahí se llega fácil a la planicie que hay en el trillo. —Dijo don Vinicio.
Seguimos conversando entre tasas de café y surgen ideas:
- Hacer un evento, así nos medimos con los que quieran correrlo.
- La inscripción que sea un paquete de útiles escolares, que donaremos a la escuela.
- Adecuar la escuela para que los participantes se puedan bañar o al menos quitarse el barro.
- Poner el puesto de asistencia en la finca de la tía de don Vinicio.
En eso escuchamos un grito: —“perro hijueputa, se robó los gemelos”—Una voz de mujer que venía del interior de la casa.
Viene Rubí, con dos muñecos en el hocico, que se había robado del portal.
“Mañana es el Rezo del Niño, y en el portal de la casa, la Virgen María y Jesús tuvieron gemelos— nos explica don Vinicio.
