Perdido en el cafetal

Esto me sucedió compitiendo un ultramaratón de sesenta y cinco kilómetros en la zona cafetalera del Pijao, Colombia.

Estas competencias se caracterizan por realizarse fuera del pavimento, muchas veces entre fincas privadas, en este caso dentro de cafetales inmensos. Por regla general, debe haber un puesto de control (PC) cada ocho o diez kilómetros, según la topografía. En este caso hubo seis.
Debido a las empinadas cuestas, la evaporación y el barro, además de ser la primer edición, ese año asistimos pocas personas, pero de gran nivel.
Entre el PC 4 voy solo, la señora australiana que me acompañó los últimos doce kilómetros, se cansó de correr tan lento, los ocho kilómetros que distan del PC5 se recorrían los caminos de una finca, las plantaciones son iguales, lo que tiende a confundir, todo lo veo igual. El fuerte sol del mediodía y la evaporación de las lluvias de días anteriores me empiezan a golpear, las matas de café no dan sombra en los caminos. Vi pasar hasta a don Juan Valdez montado en su caballo blanco.
Estoy en el pico más alto de la finca, a 2800 msnm según mi reloj. No veo el PC. Comienzo un fuerte descenso y las piedras secas me resbalan mis guaraches de fabricación gringa, que ironía…
A lo lejos veo un rótulo al final de un camino, me acerco, me regresa la sonrisa que supongo perdí, salto de alegría y apresuro el paso, cada vez más cerca del PC me digo a mí mismo, espero tengan un café negro, aunque no sea de don Juan…
El rótulo está a doscientos metros, aumento la velocidad, que alegría…
Llego al ansiado objetivo y encuentro una leyenda: “Si usted, está aquí, usted está perdido”.
Me salen las lágrimas, tengo poca agua, el calor está cada vez más fuerte, me queda medio banano y una caja de pasas. Me devuelvo pateando las piedras y pensando lo peor. No hay señal del celular. Estoy desesperado, cuando escucho una voz:
-Mirá ve, vení…
Es que corrimos el puesto a la sombra y el cartel era una broma.

 

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