
Hace algún tiempo, la prensa lo hizo un super atleta.
Tanto así, que lo reclutaron en un país al norte.
Pero, no respondía, nunca pudo hacer las marcas parciales, como era la tendencia del entrenamiento en esa época.
Lo que ocasionó acabar con el contrato y regresar.
Al llegar se hizo «entrenador» y la gente le creía y le pagaba por sus servicios.
Llegaba al lugar de entreno con unos garabatos en una hoja, que le dieron como planes de entrenamiento…
Sus atletas, al tiempo se entrenar, se vuelven entrenadores y pasan los garabatos.
Cuenta la leyenda, que esas hojas aún circulan, en el Valle Central.
